La guerra legal entre Elon Musk, CEO de Tesla, y un grupo de inversores de Dogecoin ha tomado un giro turbulento, según una reciente presentación ante un tribunal federal de Nueva York. La presentación se centra en el argumento del abogado principal en la demanda colectiva contra Musk, Evan Spencer, que pide que los abogados de Musk sean suspendidos del caso. Spencer acusa a los abogados de Musk de realizar una «campaña de acoso» en su contra, alegando que Musk está utilizando su vasta fortuna para financiar estos esfuerzos.
Las acusaciones de Spencer giran en torno a una carta escrita por el abogado de Musk, Alex Spiro. Esta carta cuestiona la competencia de Spencer como abogado y exige la retirada de una demanda modificada que sugiere que Musk era el propietario o controlaba en secreto dos billeteras que vendieron grandes cantidades de Dogecoin en un intento de manipular su precio. Las afirmaciones de Spencer sobre las «tácticas sucias» del equipo legal de Musk añaden combustible a este fuego legal.
El equipo legal de Musk ha respondido a las acusaciones de Spencer, calificándolas de «insulto» y rechazando sus acusaciones de que habían filtrado información al New York Post. Afirmaron que, incluso si las acusaciones de filtración de información fueran ciertas, no habrían violado las reglas éticas. Este tipo de refutación, que sugiere que algunas tácticas podrían ser justificables en ciertos contextos, puede ser percibida como un intento de diluir la seriedad de las acusaciones.
Spencer contrarrestó argumentando que no tenía ninguna relación previa con el reportero del Post, y sugirió que la carta filtrada solo podría haber venido del equipo de Musk. También vinculó las tácticas de los abogados de Musk con un tweet anterior de Musk, en el que afirmaba haber creado un «departamento de litigios hardcore» en Tesla. Las acciones de los abogados, argumentó Spencer, son «ciertamente consistentes con la despiadada actitud que Musk mostró en esos tweets».
Este litigio multimillonario pone de relieve la tensión existente entre la promoción de criptomonedas por parte de figuras influyentes y la necesidad de proteger a los inversores. Independientemente del resultado, este caso resalta el potencial de las redes sociales para influir en el mercado de criptomonedas y la importancia de establecer una regulación adecuada en este espacio financiero cada vez más prominente.
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