El secretario del Tesoro de Estados Unidos, Scott Bessent, afirmó ante el Comité Bancario del Senado que, con el tiempo, la banca tradicional y el ecosistema cripto podrían terminar ofreciendo productos similares, impulsados por una regulación más definida. El funcionario explicó que ya existen mesas de trabajo con bancos pequeños y comunitarios para integrarlos en la infraestructura de activos digitales. Ejemplos concretos incluyen la custodia regulada de criptoactivos, la emisión de stablecoins respaldadas por reservas bancarias y servicios de pagos tokenizados. Como ventaja, se amplía la competencia y la inclusión financiera; como riesgo, surgen desafíos operativos, tecnológicos y de supervisión prudencial.
Bessent subrayó que resulta inviable consolidar este proceso sin reglas claras y defendió la aprobación de la Ley CLARITY, que busca ordenar la estructura del mercado de criptomonedas en Estados Unidos. El proyecto delimitaría competencias entre reguladores, definiría categorías de activos digitales y establecería estándares para intermediarios. Entre los beneficios, se encuentra la reducción de incertidumbre jurídica para empresas como plataformas de intercambio, custodios institucionales y proveedores de infraestructura. Sin embargo, un marco más estricto también implica mayores costos de cumplimiento, barreras de entrada para startups y una posible ralentización en el lanzamiento de nuevos productos financieros basados en blockchain.
El tono político del debate se intensificó cuando Bessent señaló que quienes se oponen a un marco regulatorio deberían operar en jurisdicciones más permisivas, mencionando explícitamente a El Salvador. Este comentario refleja una tensión real entre innovación y control institucional. Por un lado, la supervisión estadounidense podría elevar los estándares de transparencia, gestión de riesgos y protección al consumidor. Por otro, existe el peligro de que parte del talento y del capital migre hacia entornos regulatorios más flexibles. El equilibrio entre libertad operativa y disciplina financiera sigue siendo uno de los puntos más delicados para la industria cripto.
Uno de los focos centrales del estancamiento legislativo es la preocupación por la volatilidad de los depósitos bancarios vinculados a las monedas estables. Algunos legisladores buscan limitar los rendimientos ofrecidos por estos instrumentos, argumentando que pueden incentivar salidas abruptas de depósitos tradicionales. Bessent calificó este fenómeno como “muy indeseable”, ya que afecta directamente la capacidad de los bancos para conceder crédito a hogares y empresas locales. Un ejemplo concreto sería una stablecoin con alto rendimiento que atraiga liquidez desde cuentas de ahorro comunitarias, debilitando el fondeo de préstamos regionales.
Como respuesta, varias empresas del sector cripto han propuesto otorgar un papel más relevante a los bancos comunitarios dentro del sistema de stablecoins, como custodios de reservas o distribuidores autorizados. Esta concesión podría destrabar el avance del proyecto en el Senado y crear un modelo híbrido entre finanzas tradicionales y digitales. Entre los pros destacan una mayor confianza institucional, integración territorial y control sobre flujos de liquidez. Entre los contras persisten dudas sobre la interoperabilidad tecnológica, la velocidad de innovación y la capacidad real de los bancos pequeños para competir con grandes plataformas cripto globales.
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