La computación cuántica, con su capacidad para procesar información 300,000 veces más rápido que las máquinas actuales, ha despertado preocupaciones y esperanzas en el ecosistema cripto. A medida que los nuevos chips cuánticos como «Willow» de Google demuestran un poder sin precedentes, surgen preguntas sobre la seguridad de algoritmos como el ECDSA que protege las transacciones de Bitcoin. Aunque expertos como Michael Saylor descartan riesgos a corto plazo, la velocidad del desarrollo cuántico no puede ser ignorada. Estas computadoras podrían abrir billeteras inactivas o perdidas, alterando el panorama económico de forma drástica.
Uno de los escenarios más disruptivos sería la recuperación de los millones de BTC perdidos. Se estima que entre 2.3 y 3.7 millones de bitcoins están inaccesibles, incluidos los supuestos 1 millón que pertenecen a Satoshi Nakamoto. Si la computación cuántica accede a estas billeteras antiguas, protegidas con claves públicas expuestas mediante formatos P2PK, podría desbloquear fortunas y generar caos en el mercado. Esto no solo pondría en entredicho la escasez de Bitcoin —base de su valor—, sino que también podría provocar una redistribución no consensuada de la riqueza.
No obstante, esta posibilidad también trae un debate ético. ¿Deberían esos BTC ser destruidos para proteger la economía de la red, como propone Jameson Lopp? ¿O podrían ser redistribuidos como medida correctiva? Aquí se abre un dilema filosófico: lo que una vez se consideró irrecuperable podría regresar con consecuencias imprevistas. Además, BlackRock ya advirtió oficialmente que esta amenaza cuántica representa un riesgo a largo plazo para la seguridad del Bitcoin, mostrando que no se trata de una fantasía especulativa.
Desde la perspectiva del usuario promedio, la mejor defensa es preventiva. Las billeteras que reutilizan direcciones o emplean claves públicas expuestas, como en el sistema P2PKH, son más vulnerables al algoritmo de Shor. Técnicas de phishing como el «envenenamiento de direcciones» han demostrado que no es necesario ser víctima de computación cuántica para perderlo todo. Plataformas con soporte para Taproot y SegWit ya ofrecen más seguridad, y cambiar de dirección en cada transacción puede ser la diferencia entre la protección y el desastre financiero.
A pesar de los riesgos, Bitcoin no está indefenso. La comunidad sigue desarrollando soluciones como QRAMP, propuesto por el desarrollador Agustín Cruz, que busca proteger a Bitcoin de amenazas cuánticas sin comprometer su interoperabilidad. Nuevos algoritmos resistentes a la computación cuántica están en camino, y podrían incluso mejorar la escalabilidad y seguridad de la red. En este punto, Bitcoin no enfrenta una amenaza inmediata, pero sí una en el horizonte. Y como toda revolución tecnológica, la computación cuántica podría ser tanto un destructor como un salvador.
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